El arte nos está esperando. Algunas obras llevan pacientemente esperando cientos de años.
Hay esculturas romanas y griegas que nos tienden la mano amiga desde hace más de dos mil años. La pintura nos la tiende desde hace 1500 años y la gran Música desde hace 1000 años, época en que se inició el Gregoriano. Sin embargo, el ser humano sigue reacio a tomar esa mano dulce y paciente. ¿Por qué? es muy sencillo, no conoce la razón de ser, no conoce las grandes promesas del arte.
El arte le dice al hombre: COMPRÉNDEME, que es el mejor camino para conocerte y comprenderte a tí mismo. Pero el individuo común no ha sabido captar este mensaje durante siglos. En esta comprensión, el ser humano se realizará con enorme belleza interior. Alcanzará la belleza sin forma, la que irradia desde dentro, la que no empalidece con el transcurrir del tiempo y la que supera la vejez del cuerpo.
Este modelo se toma en serio el arte, no desde la búsqueda de la erudición, ni desde la búsqueda de la originalidad o nuevas formas de expresión, sino desde el intento sincero, paciente y metódico de comprenderlo e integrarlo para inaugurar la nueva era del arte. Aquella en la que los hombres y las mujeres sensibles, basándose en el hermosísimo legado artístico de la humanidad, realizarán la más bella obra de arte que jamás hicieran: educar y alcanzar la más noble condición humana, re-esculpirán su propio cuerpo, puliendo todas sus aristas cortantes, pintarán colores radiantes en su alma, con destellos de luz en la mirada, y tensarán las cuerdas musicales de su Espíritu, con armoniosa sabiduría. La sociedad se empezará a poblar de amorosas obras de arte vivientes: los hombres y mujeres nuevos.
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